Sinestesia: oír los colores

Sinestesia: oír los colores

La sinestesia es uno de esos desórdenes neuronales tan extravagantes que a veces desearíamos tenerlo. Se trata de una rara condición neuronal que lleva a la estimulación por un sendero sensorial que detona una experiencia por medio de otra; es decir, un corto circuito en las neuronas que permite que fenómenos tan extraños como escuchar colores, ver sonidos y probar olores tengan lugar. El parecido con lo que sucede con drogas psicodélicas como el LSD o la mescalina no es coincidencia; ocurren las mismas detonaciones neuronales y por lo tanto las correspondencias entre los sentidos se agudizan.

Hasta ahora se han identificado más de sesenta tipos de sinestesia. Algunos de los más comunes son las experiencias sensoriales cruzadas de color y sonido (“escuchar” un color o “ver” la música), y normalmente las personas que sufren de esto también tienen una memoria virtuosa o capacidades impresionantes para aprender idiomas.

Estas excentricidades neurológicas pueden, por razones obvias, ser una fuente de tremenda inspiración artística. Un ejemplo de esto es el trabajo de Michael Levy, quién cuando escucha música observa formas y colores en diferentes tonos, modulaciones, frecuencias y armonías. Su película animada Giant Seps captura esta experiencia única al visualizar la música de John Coltrane mediante su ojo sinestésico.

Otro fascinante ejemplo es el del ingeniero de software Stephen Malinowski quien ha estado trayendo al mundo una manera más intuitiva y visceral de entender la música clásica. Su “Máquina de animación musical” transforma algunas de las composiciones más complejas en la historia de la música en hermosas visualizaciones.

“La música se mueve y puede ser entendida sólo con escucharla. Pero una partitura convencional se queda quieta, y puede ser entendida sólo después de años de entrenamiento. La Máquina de Animación Musical une este espacio y puede ser entendida sólo con verla”, apunta el artista.

Lo que hace tan fascinante al fenómeno de sinestesia es que aunque a la mayoría de las personas no nos sucedan estos afortunados cortos circuitos, sí podemos entender que la música evoque colores, o que una letra del alfabeto suene más azul que otra. Por lo tanto, desde un lugar extraño y difícil de localizar, podemos entender perfectamente los colores de Vivaldi.

Leave a reply